la sensación de soledad de la salida es sobrecogedora; recuerdo en especial ese momento en mi primer Ironman; el sol traía la primera claridad del día frente a la playa; había un extraño silencio para estar rodeado por tanta gente; intentaba repasar mentalmente mantras personales para afianzar la voluntad y sugestionarme de que era capaz de acabarlo; a pocos segundos para empezar todos estabamos ya en la zona reservada en la arena, mirando al mar; alguien empezó a aplaudir y todos le seguimos; otros gritaban descargando adrenalina a borbotones; yo apenas podía respirar; el disparo es como la inyección de algún tranquilizante animal; te vuelves a concentrar en lo que viene por delante, en ese día importante con todas sus irrepetibles vivencias; corriendo hacia el agua la sangre revive en las venas y arterias; sin apenas darte cuenta estás nadando un magnífico amanecer de esos que recuerdas toda la vida; todo lo demás viene despues...
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